Thursday, 17 January 2013

La comida británica, ¿buena o mala?

Desde que llegué a Inglaterra a mediados de los noventa y desde los muchos meses de julio de los años ochenta que en suelo inglés pasé yo aprendiendo el idioma gracias al que ahora me gano la vida, la cuestión gastronómica ha mejorado mucho. Y, cuando digo mucho, quiero decir muchísimo. Desde lo que come una persona inglesa hasta los productos que ahora surten los supermercados.

La comida británica, que sí que hay chorizo
Chorizo, buen pan, buen queso
La primera vez que viajé yo a Inglaterra tenía once añitos y no iba acompañada de mis padres. A mi lado viajaban una monitora que fumaba sin parar, tenía voz de tabaco negro y un montón de niños a su cargo, sobre todo adolescentes. Yo era la más pequeña.

Nunca me olvidaré de los packed lunches con los que nos mandaban al cole a aprender inglés todos los días. Cada uno nos alojábamos con una familia diferente y cada tupper que abríamos contenía diferentes barbaridades culinarias, o más bien anticulinarias, ya que lo que quedaba más patente era la falta de uso de una olla o utensilio por el estilo. Desde lo que decidimos denominamos carne de gato entre dos rebanadas de pan de molde (una especie de fiambre hecho a base de trozos de carnes de diferentes colores que sabía a rayos) hasta un tomate enterito (no, no eran tomates cherry). Vamos que alguien había dicho que había que alimentar sano a los niños españoles y nos metían un tomate tal cual. Sin olvidar los sándwiches de paté con mantequilla incluida.

Pero una parte que, ya con 11 años, me encantó de la alimentación inglesa eran las granjas a las que se podía ir a recoger fresas directamente de la planta. Eso aún se puede hacer y de verdad es que es un gustazo.

Cuando llegué a estudiar un master en la Universidad de Warwick en 1996, la cosa no había cambiado mucho. Menos mal que de aquella aún no habían llegado las aerolíneas de bajo coste y podía llevar fácilmente maletas de 32 kg sin que nadie protestase (bueno, protestaba yo al llegar a casa y tener que subir dos pisos a pie con la maletita). Me traía de todo, desde latas de aceitunas y espárragos hasta chorizo y lomo, pasando por huesos de jamón envasados al vacío y fideos. Todo lo que no encontraba yo en los supermercados.

Poco a poco a lo largo de los años empezó a llegar comida de la buena, primero aceitunas y chorizo en lonchas envasado al vacío que, aunque al principio resultaban carísimos (sobre todo porque eran de una calidad muy básica), poco a poco fueron mejorando de precio hasta llegar al día de hoy y a la gran disponibilidad de los productos con los que yo crecí en España. Pero siguen faltando cosas, como el humilde fideo.

Además la propia cultura gastronómica inglesa ha ido cambiando y en gran parte se debe a personajes como Jamie Oliver y, por supuesto, al hecho de que la gente viaja más, se atreve más a probar cosas nuevas.

Jamie Oliver, Nigella, Simone Ortega... en mi casa no les queda más remedio que convivirY pensar que al principio a mí Jamie Oliver no me gustaba nada de nada, pero con el tiempo sí que ha logrado caerme bien. Pero lo que más me gusta es su labor, ha logrado que este país coma mejor y, lo más importante, que entienda la comida. Al pobre le queda mucho trabajo por delante de todas formas y lo primero que tiene que solucionar es algo muy básico: que los ingleses dejen de echar la mano de inmediato a la sal y la pimienta en el momento que les ponen un plato delante, es como si diesen por sentado que a la comida le va a faltar sabor y no hay cosa que más me moleste en este mundo. Me parece de muy mala educación.

El caso es que la comida británica ha mejorado, que no os dé miedo venir por estos lares. Simplemente hay que saber dónde buscar y adaptarse, igual que uno se tiene que adaptar a cada país al que viaja.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...